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Con IA es posible achicar la brecha educativa

Patricio Rodríguez, Doctor en Ingeniería Computacional y expositor del SUMMIT organizado por el MIT

Para que los países de América Latina se incorporen a la Cuarta Revolución Industrial, necesitan capacitar a sus ciudadanos preparándolos para los trabajos del futuro. Resulta imperioso dar educación de calidad, pero para ello la tasa de deserción escolar debe tender a cero. Dialogamos con un experto en políticas educativas que apuesta a la Inteligencia Artificial para fomentar la inclusión educativa.

S entado delante de la computadora, de sport en el living de su casa, Patricio Rodríguez (47, Santiago de Chile) no parece Doctor en Ingeniería Computacional. Para ser un hombre de las ciencias duras, que uno podría imaginarse siempre enfrascado en propias cavilaciones, resulta sorprendentemente empático y atento a detalles.

Según el programa oficial, durante la próxima Cumbre Latinoamericana de Inteligencia Artificial, en enero en Boston, Rodríguez expondrá sobre cómo utilizar la IA predictiva para intervenir a tiempo en la vida d ellos estudiantes cuyas trayectorias escolares evidencien riesgos de abandonar.

“¿Tu eres argentino o uruguayo?” pregunta sonriendo, al verme con el mate en la mano, de este lado de la Cordillera de los Andes. Le explico que ese objeto con bombilla, en verdad, es común a ambas márgenes del Río de La Plata. Y que, en general, el mate se asocia al compartir, así que, aunque estemos conversando pantallas de por medio, tomo mate como para sentir que estoy compartiendo la charla. Allá vamos.

¿Cuáles son sus expectativas en relación con la próxima Cumbre Latinoamericana de Inteligencia Artificial?

La primera cosa que destaco de la cumbre en el MIT es la posibilidad de vernos las caras con gente que está trabajando en las mismas cosas. Eso es fundamental, porque más allá de la conectividad, de la tecnología, y todos los medios que tenemos a disposición, la confianza se construye cara a cara, conversando, conociéndose en persona.

De hecho, te cuento una anécdota: a partir de conocer en persona a James Waisman, de Harvard, en mayo de 2017 en una conferencia a la que me invitó el BID, comenzamos a trabajar juntos. Más allá de que anteriormente yo había leído sus trabajos y él sabía de lo que yo hacía, conocernos fue lo que permitió que hoy estemos compartiendo proyectos.

En ese sentido, cobra más relevancia destacar el contacto humano cuando estamos hablando de avances tecnológicos, y cosas que parecen separarnos, ¿verdad?

Exactamente. Es que tampoco mirando un documento o una pantalla vamos a encontrar lo que buscamos en la relación con otro ser humano. Es así. Más allá de que sepamos de lo que el otro hace a miles de kilómetros porque lo leemos, o porque mantenemos videollamadas o lo que sea, nada reemplaza a verse las caras. Por eso viajamos a lugares lejanos, y seguimos compartiendo espacios físicos.

Incluso el hecho de que nos juntemos quienes innovamos en políticas públicas con las empresas y los desarrolladores, y los científicos, bueno eso es enriquecedor porque desde América Latina tendemos a ver estas cosas como lejanas. A veces sentimos que no es posible implementar cambios tecnológicos, porque eso es de primer mundo o suena a ciencia ficción y la verdad es que no es así. Incluso me interesa mucho saber qué pasará a posteriori del evento, y, si se repite anualmente, qué pasa en el medio entre una y otra Cumbre. Eso es lo interesante: todos los trabajos que surjan gracias a encontrarnos.

¿Qué tendencias o hechos sobresalientes se dan hoy día en Chile, cuando pensamos la relación entre IA y políticas educativas?

Bueno, lo primero que hace posible trabajar esto es que en Chile tenemos política de datos abiertos. Eso, que es insumo central de cualquier trabajo con IA o aprendizaje de máquinas, sería imposible si la información estuviera escondida debajo de la alfombra.

Claro. Aquí, muchos expertos en el tema, desde el sector público, hablan de instalar la cultura del dato, y ponen de relevancia que compartir información entre oficinas públicas es indispensable en el presente.

Por supuesto. Ya no tiene que haber ‘silos’, donde acopiamos información a la que sólo accedemos los que la producimos. Cuando dos oficinas comparten información ninguna pierde, sino que ganan las dos. Eso es verdaderamente la gobernanza digital: el gobierno de los datos abiertos, trazables. Digitalizar es sólo hacer e government, pero lo verdaderamente interesante es administrar datos para tomar decisiones basadas en evidencia. De eso hay que hablar ahora.

Lo segundo que sostiene todo proyecto de innovación con aprendizaje de máquinas, IA, predicción, etcétera, es que en Chile todos tenemos un identificador único, por lo que se pueden cruzar bases de datos anonimizadas. Es decir, todos los ciudadanos chilenos tenemos un sólo número de identificación para todos los servicios públicos, y ese número se te entrega cuando naces. Esto permite pensar la estadística más completa, trazando la trayectoria escolar, por ejemplo, de todos los alumnos del país.

Es un sistema parecido al argentino. De hecho, en un paper medianamente reciente, un investigador del CONICET analiza ese fenómeno. Resulta singular porque en otros países se usan diferentes credenciales para identificar a las personas ¿es así?

Exacto. No sólo eso, sino que en Colombia o Uruguay la tarjeta de identificación no se entrega al nacer, sino posteriormente, entonces hay un tiempo en el que no se sabe a ciencia cierta nada de la historia de las personas. Con un identificador único que te acompaña toda la vida, se pueden trabajar los datos para poder predecir tu trayectoria educativa, buscando patrones que, por ejemplo, en lo que hace a deserción, permitan predecir qué alumno está cerca de dejar la escuela. Con ello tendríamos una alerta temprana y nos adelantaríamos a esa deserción, para intentar evitarla.

Bien. ¿Eso es lo que presentará en enero en el MIT?

Lo que voy a presentar en Boston es la posibilidad de trabajar con técnicas de modelado de aprendizaje automático para detectar patrones que nos permitan identificar quién está por desertar o salirse del sistema educativo.

Si nosotros comprendemos que los trabajos del futuro requieren más y mejor educación es fundamental cerrar la brecha educativa. De cada niño que deja de ser alumno, hay que saber qué pasó, por qué abandonó sus estudios. Así, al menos su abandono no habrá sido en vano.

Este proyecto no sólo es humanamente relevante, sino que, al final del día, hay que ir a quien toma decisiones e invierte, y presentarle los fríos números. Pues bien, no es ningún buen
negocio que el Estado invierta en educación, pero eso no resulte. O sea, utilizar este sistema de trazabilidad de la trayectoria educativa de los ciudadanos chilenos es una buena idea en términos humanos, pero además es un buen negocio.

En definitiva, gracias a los datos abiertos de los que te hablé antes, tu puedes perfilar a los alumnos, trazar sus trayectorias, y ver cuáles son indicadores de riesgo de deserción, siempre en forma anónima. Con esa analítica, es posible detectar porcentajes de probabilidad de desertar.

Allí es cuando, si el sistema nos avisa a tiempo, intervenimos para que el alumno no se nos vaya. Incluso se pueden diferencias patrones locales, o geográficamente relevantes: a lo mejor, por poner un ejemplo argentino, en Córdoba los factores de deserción no son los mismos que en La Pampa o Buenos Aires. Todo eso se puede discernir si tenemos los datos adecuados.

By |2019-12-06T15:36:55+00:00diciembre 5th, 2019|Noticias|